sábado, 8 de junio de 2013

Las hormonas malamadre

Esta semana os he dejado practicamente sin post, no sabeis qie semana tuvimos. Si sumo el total de horas pasadas en casa de lunes a viernes, restando 7.5 horas de sueño cada noche (que para mi son nada, necesito por lo menos 11 seguidas, como mi hija, mi medico no se lo cree pero yo no soy persona si no duermo mucho y menos mal que ahora estoy en la edad de poder tomar café porque si no...!)
Decia: si sumo el total de horas en actitud on, quiero decir con los ojos abiertos, pasadas en casa estos ultimos 5 dias, creo que no llegarian a sumar ni 8 horas.
En semana como estas las hormonas malamadre se disparan.
Sí existen. Y toda madre, antes o despues, en su vida llega a conocerlas y llega a sufrir los trastornos de estas hormonas cabronas. El nivel de malamadre sube de forma directamente proporcional al tiempo que pasas lejos de tus hijos.
Te sientes fatal. Te preguntas si es justo así.  Te agobias pensando en cuanto te estas perdiendo. Te pasas los ciento y ciento de kilometros que recorres a diario en el coche rallandote la cabeza e imaginandote a tu pobre niña llorando desconsolada por las esquinas porque quiere a su mamá.  Te convences a ti misma que en su cerebro ya se está formando un trauma irreversible por falta de "tiempo pasado juntas"  y que la culpa es tuya y solo tuya.
Por fin está llegando la hora de volver a casa.
Haces un gran esfuerzo para mandar a callar esas hormonas malamadres capullas y mientras te acercas a casa te imaginas un reencuentro idiliaco, merecedor del premio oscar por mejor escena jamas vista en ninguna pelicula de Hollywood. Te preparas, bolsita mona con purpurina en mano para entregar un regalo a LaDani: esta semana toca un maravillos libro de Abeja Maya.
La hormonas malamadre envian un mensaje claro al cerebro: el regalo es un objeto con el quieres callar a tu consciencia, con el intento, fallido, ppr sentirte menos culpable.
(Por cierto lo de comprar un regalo cada vez que duermo fuera me acabarà arruinando, que ademas si lo pienso bien puede hacer que entre en un circulo vicioso sin salida del tipo: trabajo para ganar dinero-gasto dinero para comprarme el cariño de mi hija-mi hija querrá cada dia mas-tendré que trabajar cada vez mas para permitirme estos gastos-tendré que comprar mas regalos-.....y asì hasta el infinito).
Aparcas el coche, sonrisa de anuncio chicle dibujada en la cara, brazo tendido con la bolsita-regalo-purpurina colgando en la extremidad y entras en casa esperando el mejor abrazo del mundo y el beso mas sonoro del universo.
LaDani està en la cocina ayudando a su padre a cocinar, sonrie, se alegra de verte, lo notas, el brillo del los ojos habla por si solo...pero la chica no se mueve de ahí.  Te dice "mira que estoy haciendo" y sigue hechando sal a la pasta (¡para hija mia que luego no hay quien se la coma!).
Te acercas, la abrazas TU, ella disfruta del abrazo.
La besas TU, ella disfruta del beso (en pocos meses ese entusiasmo se transformerà en pasada de mano en la boca para limpiarse las babas que acabas de dejarle!).
Sigue a lo suyo. Quiere decir que todavia no ha visto la bolsa-regalo-purpurina.
Se la restregas delante de los ojos. UUUAAAUUU. Ahora sí que se abalanza sobre ti y te quiere mazo!
Y tu pecho se hincha, tu cerebro intenta engañarse a si mismo y enviar un mensaje falso a tu corazon: NOOO, que dices, en absoluto estas comprando el amor de tu hija para compensar tus ausencias...que va!!!
Y disfrutas de esa hora con tu hija, entre cena, dibujos y juego con el nuevo juguete de turno, pobre ilusa de ti.

P.d. este  post se escribió desde el movil usando la aplicacion Blogger para Andoid, aprovechando tu sesión de peluqueria. Ya que tus canas habian invadido mas del 50% de tu cabeza y te obligaron a recortar otras 2 horas de tu tiempo con LaDani, por lo menos aprovechar el tiempo y el nuevo subidon de hormonas malamadre. Ni siquiera dejan que te tiñan en paz...

1 comentario:

  1. Es así Ile, y qué rabia, el nombre que le has puesto es tal cual, hormonas malamadre. De todas formas me gustaría darte un mensaje de tranquilidad, siempre he pasado mucho tiempo fuera de casa, sobre todo cuando mi niña era más pequeña, salía a las 7:30 de la mañana y llegaba a las 21:30 de la noche, y mi Cris, que ya tiene 13 años, adora a su madre, a pesar del tiempo que paso fuera, porque el vínculo está ahí. Ella ahora es consciente que tengo que trabajar, lo entiende perfectamente y además le gusta que su madre trabaje, eso a mi me gusta. A los seres queridos se les quiere aunque no los tengamos cerca y a los niños les pasa igual. Los pequeños momentos juntas son oro y a veces tienen más valor que muchas horas. Besos

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