sábado, 12 de abril de 2014

Galicia parte 1: hoy te quiero

Hoy va un himno o una declaracion de amor, como mas os guste llamarla, a Galicia.
Esa tierra de meigas (brujas) que me ha adoptado hace 8 años y que no se que tiene, pero me tieme agarrada el corazon.
Ademas de ser el lugar donde han nacido mis hijas y eso quizas la hace todavia mas especial.
Aunque si en un caso hipotetico de separarme del compañero de piso y querer ir corriendo a mi casa para que me den un achuchon, no podré llevar conmigo a mis 2 galleguiñas porque eso seria raptarlas o algo así. .. (pero bueno, eso es otra historia).

Pongamonos serios y abramos el corazon.
Recuerdo las primeras veces que llegué a estos lugares en mis vacaciones y pensaba que estos de por aquí estaban tan locos y fanaticos de su tierra que aquello jo era normal. No lo entendia y hasta me reia de ello y de ellos.
Si vale yi soy de Milan, y me siento orgullosa, pero tampoco estoy enamorada de mi ciudad...
Sin embargo tan solo un año despues de vivir en Vigo me encontré delante a una decision difícil: volved a mi vida mi casa mi familia mi ciudad mis amigos...o quedarme.
Pues ya sabeis como acabó la historia. No se lo que tiene, no soy capaz de explicarlo con palabras, pero algo en mi me dijo que no queria marcharme.
Y al final la vida te arrastra con ella y sin darte cuenta estas con hipoteca, compañero de piso, perra, LaDani y LaValerie ...
He llegado a la conclusion de que tanta, tanta, tanta y mas lluvia al final te hace apreciar de forma especial esos dias de sol: el cuerpo lo flipa literalmente y las hormonas se revolucionan y el cerebro empieza a bailar salsa y ves lo que te rodea tan sumamente bonito...
Hasta que llegué aquí no me habia dado cuenta de cuan azul puede ser el cielo. Despues de 7 meses de lluvia, es un azul que casi te duelen los ojos de verlo. En Milán el cielo nunca es tan azul.
De que bien queda el verde combinado con ese azul, con el brillo del mar y con las mimosas amarillas que colorean los montes.
No sabia que se podia tener mono por ver el mar. Solo verlo. Y tranquilizarte.  Ver cada mañana cuando vas a trabajar y cada noche cuando regresas que esa inmensa cantidad de agua salada sigue ahí.  Y sentir que todo va bien.
Saber a que huele la primavera.
Perderte en pueblos tan pequeños a los que se llega por caminos que ni siquiera quien los hizo en su dia se acordarían de que existen. Y respirar aire puro.
Reirte tu sola en el coche mientras llegas al trabajo porque has tenido que parar en el medio de la carretera para que cruzaran un monton de vacas.

Hay lujos que compensan de una tajada los litros y litros y litros de lluvia que chupamos cual esponjas amargadas durante meses enteros, como ver caballos salvajes correr por el monte con sus crines bailando con el viento.
Y recoger a tu hija en la guarderia e ir a pasar un rato en la playa, haciendo castillos de arena.
Saber que tu hija desde la ventana de su clase ve corderitos que pastan y juegan con sus mamas.
Buscar estrellas de mar en las charcas, cuando baja la marea. Y sentir el cosquilleo en la mano cuando las coges para acariciarlas antes de devolverlas al agua.

Quitarte de encima el estres. Estrés del malo.
No saber lo que es un atasco de 2 horas para recorrer 3 kilometros.
Pasarte noches de charlas con los amigos, sentados bajos las estrellas, delante de una botella de licor café casero y tomar chupitos mientras arreglas el mundo.
Coged a los perros e ir a pasear por los senderos detras de casa.
Vivir lentamente y no tener esa sensacion de correr a todas horas, dia y noches, tanto si es lunes como si es domingo.

En fin, aunque a ellos, los gallegos, nunca se lo reconoceré,  creo que estoy llegando a entender que tiene de especial esta tierra que ellos aman tanto y que te agarra el corazon y a la que regresan siempre. Pasen los años que pasen.

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